¡Billy Crystal vuelve a los Oscar! Por favor, no lo dejen ir…
Hoy descanso de hacer hígado y buscarme enemigos para celebrar el regreso de Billy Crystal, el estándar dorado moderno de los anfitriones de los premios Oscar (9 ceremonias, contando 2012 y superado sólo por Bob Hope, con 18), y celebrar que la Academia se haya puesto a la altura de los tiempos usando un tráiler como vehículo de la buena noticia (por cierto, casi ninguno de ellos actores nominables, pero todos dignos de fangasmo):
Billy Crystal tiene el tono de humor adecuado para una ceremonia como los Oscar. Tiene talento y carisma, pero viene de una escuela que no hacía experimentos para tantear la línea entre gracioso y grosero como Rick Gervais en los Globos de Oro, por ejemplo (que me pareció espectacular, pero le cayó duro por eso).
Y los Oscar piden un ritmo más calmado, más buena gente pero con picante. En los últimos años recuerdo a Chris Rock, que le sobró picante y hubiera funcionado en cualquier otra gala. Ni siquiera llegó a los extremos de Gervais, pero desentonaba (y ni digamos que fue por color, porque Whoopi siempre estuvo bien considerada, pero ya ni recuerdo sus años). Los años de Jon Stewart y Ellen DeGeneres ni me molesté en ver el programa. Luego quisieron hacerlo más interesante con dos anfitriones. No puedes decirle que no a Alec Baldwin y Steve Martin, pero el año siguiente al dúo James Franco/Anne Hathaway más bien le faltaba algo que los hiciera más interesantes. Optaron por hacer contrapunto con niveles de energía, pero tenía demasiado sabor a un VMA de MTV.
Pero si un número de apertura se lleva el premio, es el de Hugh Jackman. La primera vez que lo vi estaba a punto de salir de viaje. En el ajetreo sólo llegué a ver el último minuto o menos de la canción. Pero sólo por esas dos palabras, el fanboy en mí nunca olvidará esa edición (ni tampoco verá The Reader).
“¡Soy Wolveriiiiiiiiiiiiiiine!”
P.D.: La inserción del video está desactivada, sólo denle clic a la foto para verlo.



