Real Steel: Nada como la historia de un niño, su robot, y Wolverine

Tenía planeado ver esta película mientras estaba en cartelera, pero entre una cosa y otra, se me pasó sin que me importara demasiado. Lo que ocurre es que puedes ver los tráilers, afiches y sinopsis, y en ningún lado encuentras algo que te motive a ver una especie de derivado de Transformers con Wolverine a la cabeza (y una de las pocas caras reconocibles) del reparto.

Pero las críticas posteriores me vendieron la película mejor que los desubicados de la distribuidora o el estudio. Real Steel, al parecer, tenía una profundidad insospechada cuando no se estaba enfocando en robots luchadores y el torso sudoroso de Hugh Jackman (y esa fue una frase para atraer resultados de búsqueda de señoritas, lo siento). Y no fue hasta anoche que pude confirmarlo. Real Steel es una película de ciencia-ficción y tiene que responder a las exigencias del género, pero también nos recuerda que hay más en el sci-fi que sólo CGI y otros efectos especiales.

¡Robots! ¡Robots! ¡Robots!

Como si se tratara de una precuela a la primera X-Men, empezamos con Jackman manejando su camión en un futuro cercano (2020), ganándose la vida con su robot luchador, Ambush (que al comienzo se parecía una barbaridad al Box de Alpha Flight, si seguimos con las comparaciones mutantes). El tipo está venido a menos, se llena de deudas, le cae encima un hijo abandonado 11 años atrás, mucho male bonding de padre a hijo, hijo a robot, padre robot y una Evangeline Lilly para no perderla de vista.

Pasa mucho y hay que preservar las sorpresas del inicio. Sólo decirles que si le ponían “Balboa” a este tipo se completaba la película:

Y sí, como Rocky, Real Steel tiene el mérito de desarrollar un drama familiar que es en efecto atractivo para el público masculino. De verdad te puedes sorprender a ti mismo hinchando por Rocky Atom en la pelea con Apollo Zeus, y acompañar los golpes desde el asiento, como si fuera boxeo de verdad. Por más que se tumben todas la ciudades que quieran, Megatron y Optimus no me van a provocar esa reacción (sobre todo porque la mitad del tiempo no tienes cochina idea de qué está pasando). Hay un tipo de inmersión en la historia, en el conflicto y las motivaciones que sólo se puede construir con un buen guión, y eso es algo raro en sci-fi, sobre todo si se toma al género como una máquina de fabricar blockbusters.

Terminando de ver Real Steel, recordé los cuentos de Ray Bradbury (El hombre ilustrado es una buena e intensa antología si quieren probar). Bradbury tiene la capacidad de elaborar este nivel de compromiso entre el lector y la historia, en un formato muy corto y sin dejarse atrapar por los lugares comunes como los miedos tecnológicos o las comparaciones hombre-maquina. Lo que obtienes son exploraciones del espíritu humano, a manera de constante universal, susceptible a los mismos vicios, las virtudes, las tragedias y la esperanza en mundos y tiempos distintos. Eso hace imperecederas las historias, hace que el Nautilus sea todavía maravilloso, que sudemos tanto como la teniente Ripley esperando detectar algún ruido, o que los dos soles de Tatooine sigan siendo uno de los momentos más solemnes de los últimos 40 años. Amemos la ciencia-ficción, pero sobre todo atesoremos la sci-fi bien hecha.

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