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Un Dream-Team para Deadpool

Cuando el X-Men – Origins: Wolverine de Gavin Hood apareció en las salas de cine alrededor del mundo, la primera impresión público (de más o menos la mitad de los que se quedaron después de los créditos, al menos) fue, aparte de que el villano “final” no estaba a la altura del nombre y representaba una mutilación del personaje, que todos queríamos ver una película de Deadpool. Ya habíamos probado lo más básico, y ahora queríamos comernos la torta entera.

Mercenario amoral. Hablador compulsivo. Especialista en armas de filo y de fuego. Sentido del humor perverso, inoportuno, ácido. Quebrantador de la regla escénica de la cuarta pared. Ideal para un actor con las características cómicas y atléticas del próximo Linterna Verde, Ryan Reynolds. Claro, salvo por todo eso de haber sido un sujeto de pruebas con un factor autorregenerativo exagerado que cubre su cuerpo completamente de cicatrices. Pero es el papucho de Reynolds, así que lo más probable es que no veamos mucho del cara-de-pizza Wade Wilson.

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha declarado ilegal y penado con multas millonarias cubrir el rostro de Ryan Reynolds. Estamos presentando una moción para hacer lo mismo con el busto de Scarlett Johansson.100% producto derivativo

Si XMO: Wolverine trataba del héroe que lucha contra su propia naturaleza y en el camino se ve envuelto en la red de intrigas y manipulaciones que busca ensamblar el arma viviente perfecta, el spin-off de Deadpool debería, siguiendo la lógica más básica indispensable, empalmar con el destino del pobre de Wade Wilson, que acaba decapitado y enterrado entre los escombros de la isla de William Stryker y el Proyecto Arma X. Aprendiendo de los errores de Elektra (¿alguien sabía, al fin y al cabo de qué se trataba Elektra en realidad?), la 20th Century Fox, que conserva los derechos de las películas relacionadas a los X-Men, desde el Profesor X hasta Doop, se ha asegurado de mantener a gente que guarda cierta familiaridad con el personaje y su historia para preparar el guión de este spin-off de spin-off.

Las Reglas de Zombieland

Los cerebros elegidos, después del voceo de David S. Goyer, son Rhett Reese y Paul Wernick, de quienes hemos podido ver el último año Zombieland. Y Zombieland es una gran película, llena de violencia, humor negro y elementos de cultura popular. Incluso comparte la ocasional ruptura de la cuarta pared y un buen manejo de la exposición sobre la marcha, indispensable para aclarar las complejidades que hacen a ‘Pool. Tampoco sé qué tan involucrados habrán estado, pero las Reglas de Zombieland fueron un golazo por donde las veas. Las habladurías de comienzos de año indicaban que el mismo Reynolds habría estado en contacto con los escritores, compartiendo ideas. Esto fue antes de que el trabajo de producción de Linterna arrancara.

Y ayer empezó a correr el rumor de que Fox había ofrecido la dirección de la película a Robert Rodríguez, quien actualmente debería estar terminando o haber terminado Machete y trabajar actualmente en Predators y una película más de Spy Kids. La noticia debe tomarse con escepticismo, dado que Rodríguez ya había rechazado ofertas como el remake de El Planeta de los Simios (aunque a muchos otros directores tampoco les ha convencido el proyecto), y a lo copada que tiene la agenda. Además, los X-Films desde X-Men 3 se han visto determinados por decisiones de directores de última hora. Matthew Vaugh estaba previsto en algún momento para hacerse cargo de X-Men 3 y XMO: Wolverine, y ahora se le vocea para X-Men: First Class. Lo mismo con Joss Whedon o Bryan Singer, por decir algunos nombres.

¡Si hasta se viste con los colores oficiales de DP!

Pero sólo por un momento imaginemos la posibilidad de una película escrita por Reese y Wernick, hecha por Rob Rod y protagonizada por Reynolds. Lo último que vi de Rodríguez fue Planet Terror, y me pareció una gran película, a pesar de que el género no era de lejos mi favorito. Pero la forma en que se manejó una situación catastrófica con escenas de acción alucinantes, capaz de meternos en planteamientos que en cualquier otro contexto no hubieran sido siquiera considerados para rodaje, y además esos detallitos de absurdo para darle color (la moto de Wray, ¡”EL WRAY”!). Si alguien tiene la magia para sostener la suspensión de la incredulidad al nivel necesario para hacer de un Deadpool una estoneada maestra y, dependiendo de variables del entorno, hacer que un personaje poco conocido supere el nivel de culto al que podría verse reducida, es Robert Rodríguez.

Planet Terror. También teníamos una propuesta que involucraba a Scarlett y ametralladoras, no pegó.

Dejo una idea: lo que Jon Favreau logró con Iron Man puede repetirse, y un estudio que maneja una franquicia tan importante como X-Men debe aplicar esa fórmula de respeto por el material de base, trabajando meticulosamente la historia y no permitir que se opaquen entre sí. Apenas han empezado a explotar el mundo mutante, y como fanboy quiero ver más.

Uno, dos… Kick-Ass ultraviolentos

Y salió Kick-Ass, la adaptación dirigida por Matthew Vaugh (Stardust) de la miniserie semi-independiente del bombástico Mark Millar (Ultimates 1 y 2, The Authority). Siguiendo el empuje de Wanted (que tuvo récords de taquilla dentro de la categoría R), Millar se embarcó en la producción de la misma serie que estaba escribiendo para el sello Icon, una línea de Marvel para los trabajos de autor de sus escritores, como Brian M. Bendis, Ed Brubaker y Matt Fraction. Vaugh, por su parte, salía de tener su propio éxito adaptando el Stardust de Neil Gaiman, además de haber estado a punto de hacerse cargo de X-Men 3 (que cayó en manos de Brett Ratner, y ya sabemos cómo quedó eso).

Como contenido a secas, Kick-Ass es mucho más Millar que Vaughn, pensado en cómo lograr que el medio comiquero saque de sus casillas al público común y corriente, llevándolo a niveles de blockbuster hollywoodense y asociándose siempre a artistas que espectaculares como John Romita Jr., Steve McNiven y Bryan Hitch, capaces de materializar las alucinadas del escritor. En este caso se trata de la historia de Dave Lizewski, un adolescente demasiado normal a quien no se le ocurre otra manera de sobresalri que hacerse un “superhéroe”. A falta de poderes, decide ponerse un wetsuit, armarse con un par de cachiporras, y salir a pie a luchar con delincuentes comunes por las calles. Durante los próximos 100 minutos, más o menos, no le va bien.

La película responde perfectamente a la ultraviolencia realista que busca Millar, y hasta se podría considerar una caricatura a los géneros superheróico y de acción, en algún lugar entre las películas de The Naked Gun y Punisher: War Zone. Estamos hablando del mundo real, donde un muchacho se dedica a enfrentarse a la gente más peligrosa, y sin embargo no deja de tener un efecto casi cómico, desde un sentido del humor bastante oscuro. Es como ver un bloque de bloopers, pero quedándote después de la risa a ver que el otro todavía no se puede parar, y todo contextualizado en aspiraciones heróicas. La película es bastante fiel al material original en ese sentido, muestra el efecto de una vida violenta sobre seres humanos comunes y corrientes, sin llegar a ser un calco fiel de estilo o argumento ni perder el rumbo.

Vaugh diferencia muy bien los recursos y piezas que funcionan en 8 historietas de 22 páginas a intervalos mensuales de lo que cabe efectivamente en 117  minutos de película. Por momentos el orden de ciertas revelaciones no se corresponde al del cómic, pero todo termina encajando orgánicamente en el orden fílmico. Donde perdimos puntos de caracterización en la relación entre Lizewski y su padre, o cómo evolucionan y decaen las cosas entre Kick-Ass y Red Mist, ganamos el desarrollo de la historia paralela de Hit-Girl y Big Daddy. Donde deberíamos tener un giro sorpresivo o una página doble de Romita Jr., viene un dato adelantado o una entrada distinta que mantiene la atención sin opacar el gran final (así que, no lanzallamas, pero no lo extrañarán).

Sabiendo que lo que queremos es ultraviolencia, secuencias de lucha sin barreras, acción rápida e impresionante, Vaugh se contiene lo suficiente, y aunque puede darnos un Terminator, un Rambo o un Kill Bill (aunque la Hit-Girl de Chloe Moretz tiene sus buenos momentos entre Beatrix Kiddo y Go-Go Yubari), no porque no pudiera sino porque la historia no permite tanta virtuosidad marcial para el pobre de Aaron Johnson. Es necesario este planteamiento historia-impacto-historia-repetir para darnos a entender que la cosas ocurren en nuestro mundo, y las consecuencias están ahí, a pesar de que los tipos andan por ahí vestidos en látex colorido y hay una niña por ahí rebanando miembros de mafiosos a katanazos y soportando balazos a quemarropa.

Nicholas Cage cumple su sueño de ser un superhéroe y hacerlo creíble, con un Big Daddy que comparte su entusiasmo por la vida de aventurero enmascarado, como una fijación insana y gracias a dios no tuvo que actuar ningún super poder. Tuvimos suficiente de eso con Ghost Rider. En cambio aquí es un Batman combinado con Punisher, con barba falsa e inagotables recursos cuando se pone el disfraz, y un papá bobalicón, con bigote de cepillo, lentes y malos chistes cuando se viste de civil. Y es por eso que Vaughn le da a esta historia más peso. Sólo Kick-Ass hubiera sido muy adolescente: chico-conoce-chica, chica-ignora-chico, chico-hace-locuras, chica-se-fija-en-chico, chico-paga-por-sus-locuras, final feliz. En mi opinión, es el cruce, y el nuevo balance, de las cuatro historias principales lo que hace que esta película, como historia, tenga una personalidad propia y supere la simplicidad de la propuesta. Y además, cabe en las dos horas.

A fin de cuentas, Kick-Ass es una película más compleja de lo que aparenta. Tiene no sólo el potencial, más bien la intención de ofender suceptibilidades, muy al estilo shock-value (Roger Ebert sabe muy bien de lo que hablo), y una vez superado es una crítica al culto a la violencia con la que se resuelven las cosas en los cómics, a la vez que lo homenajea y se ceba en el derramamiento de sangre. No pretende ser lo que Watchmen o Sin City debieron ser. No le corresponde. Esta es una bestia diferente y lo mejor es tratar de no encasillarla, porque tiene de todo y por montones.

Y si no te convences… FUCK CRIME! ¡VE KICK-ASS!

Top[-of-mind] 5 películas sobre cambio climático por el BAD’09

El Blog Action Day (BAD., eso pasa por no sentarse un rato a pensar en los acrónimos) es una iniciativa para juntar a todos los bloggers del mundo a favor de una causa específica, generalmente a favor del medio ambiente o del planeta en que vivimos, lo cual es un tema con la suficiente proporción de inevitabilidad e identificación como para que todos tengamos algo que decir al respecto.

Pues bien, como no tengo mucho tiempo ahora para hacer un ensayo a conciencia sobre lo que es para mí el cambio climático, les ofrezco las primeras cinco películas que podríamos relacionar con este fenómeno, y a lo mejor podamos sacar algo útil:

5. La Era de Hielo (la 1 y la 2, la 3 es sólo el mismo grupo de bichos haciendo pavadas): Porque es el cambio climático que nos prácticamente dio origen al mundo que conocemos, donde los mamíferos son la forma de vida dominante, representada en orden de inteligencia por los hombres, los delfines y los ratones. Y también nos enseñó que en esos tiempos los individuos podían vivir lo suficiente para ver la Tierra congelarse y descongelarse. Si una ardilla puede, no veo por qué nosotros no.

4. Dune (la película, aunque la miniserie es mejor): Porque gracias a la obra de Herbert sabemos que un planeta sabe cómo salir adelante a pesar de que nosotros no tenemos ni idea de qué nos toca hacer para resolver las cosas, y es más, muchas veces las cosas, sólo por ser irregulares, no significa que sean catastróficas. No podemos esperar que un mundo que sabemos que ha cambiado desde siempre deje de cambiar sólo porque afecta a la maquinaria capitalista y la oligarquía política y económica. Al final la naturaleza misma sabrá como traérselos abajo.

3. Inteligencia Artificial (o “I see robot people”):  Porque aún cuando caduquemos, después de haber alcanzado la capacidad para producir robots que se puedan hacer pasar por nuestros hijos, sin mencionar aGigolo Joe (what-do-you-know?), el mejor personaje de Jude Law junto a su imitación de Michael Caine en Alfie, los niños serán capaces de soñar. O por lo menos los niños robots que sobrevivan en cápsulas tiempo después de que los océanos se eleven y sean rescatados por extraterrestres que parecen hechos de UHU solidificado.

4. El Planeta de los Simios (la primera, hagamos como que lo de Burton sólo era un homónimo): Porque cuando dejemos de ser la especie dominante, nuevas criaturas tomarán nuestro lugar. Criaturas que no perdieron el vello corporal dentro de su proceso evolutivo y se ven muy simpáticas con un chaleco y un gorrito rojo (esa escena no quedó en el corte final, pobre Dr. Zaius). Y cuando alguien pregunte “Hey, ¿te acuerdas de la especie dominante antes de nosotros, esos que ahora guardamos en jaulas y vendemos como mascotas?”, otro responderá: “Claro, es la misma especie que mandó a hacer estatuas de cobre que sólo sirven para freír pescado las noches de tormenta”. Ahh, good times.

5. Mad Max 2: Road Warrior y Mad Max 3: Beyond Thunderdome: Porque un cambio en la estructura de poder y en la disponibilidad de los recursos traerá una era de incomparable inventiva y actividades deportivas únicas que cambiarían la manera de ver la vida. Porque cuando puedes morir en cualquier momento por un tío con corte mohicano que maneja un automóvil tuneado a punta de poleas (o en su defecto un tipo llamado Blaster), tratas de sacarle todo el provecho a la vida mientras puedas. El tema de la película en realidad es crisis energética, pero no es como que fueran a ser las cosas muy distintas con una crisis ecológica o meteorológica.

 
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